15 August, 2016

Relato. “Escudo nacional”, por Marcos Arcaya Pizarro

Marcos Arcaya Pizarri, narración, cuento, Cuestión de escudo nacional 
  1. Bajo otro nombre, este escrito fue publicado por la UNILA, Universida de Federal da Integração Latino-Americana (Brasil), como parte de la selección de poemas y narraciones breves del III Concurso Literario de la UNILA Cartonera (2014). Puedes ver aquí la noticia en la página oficial de la UNILA. 
  2. Asimismo, con otro nombre, se incluyó en un número de la revista Cinosargo, correspondiente a febrero de 2011. En este enlace encuentras la información y el número en cuestión para ver online o descargarlo.
  3. En 2010, en Granada, España,  fue publicado en un librito de bolsillo como parte del ciclo de lecturas Poesía para Peatones. Una liberaría al parecer vendía alguna copia a través de Amazon (ver el enlace).  


1.-
Cargado de odres con agua hace ya mucho caminé altivo por estos mismos parajes. Portaba un revólver al cinto, una colt de aquéllas, quizá un par. Mi raído poncho me guardaba del sol de por estas dunas, porque sepa usted que acá era todo dunas. Ahora hay embarcaciones ruinosas que uno no sabe bien cómo vinieron a varar, y yo camino lento, desarmado, semidesnudo, ya viejo, exhausto. Leo lo que escribí en un trozo de tela entre algunas de mis muertes: aquí los días de mañana se disfrazan con atuendos de far west, como estrella de sheriff, un susurro metálico que esconde al interior las osamentas de mi circo vacío.
Me prometí por aquel entonces nunca más hacer la travesía, pero el dolor es uno y la mar me llama.
A veces pienso que yo soy un vencido, que se camina y que se habla fuerte para estar así a punto de llorar, a punto de abandonarse. El camino no ofrece lugar para el descanso, no hay sombra ni agua, no hay animal vivo ni sueño quieto. De animales muertos, de imposibles animales muertos se tejen los sueños de por estas dunas, pienso en voz alta o susurro apenas o ni muevo los labios ni camino, porque estoy tirado a pleno sol en un punto… Ya no sé.
Como esperando una luz del río de las aguas muertas como perros, secas como cueros de vaca, como labor de abajo y de zanjón, escucho el río que no existe y es una larga lengua de fuego que me extingue, que me seca y soy cuero de vaca que pronuncia ese nombre que ni siquiera yo recuerdo.
Al fondo de una depresión circular en forma de plato imagino una catedral, un cóndor de piedra, imagino un telón de terciopelo dentro del recinto, además de la utilería excedente de un western futurista, un montaje santo y cowboy. La gárgola es un cóndor de eso que nombraron el Calabozo Chile. Sus plumas son lenguas de niños.
Voy creciendo de sus caras-hambre en estos sueños, de sus caras-noche, de sus nombres por el río van gimiendo y voy gimiendo y por el puente, bajo el puente, de sus rostros suyos que se hacen míos como un cuerpo uno en estas noches que no es ninguna noche, que es el día más el sol enorme, terrible…
Pero toquen mi cuerpo, toquen mi cuerpo. Anochecidos ya sabrán ensangrentarse.
 
2.-
Al despertar vi un niño con cabeza de cóndor que me miraba. Lo llamé Almirante Nelson. Nunca más dejaría de seguirme.
―Soy un viejo que agoniza, indefenso― le dije o pensé que le decía. ―El ciclista me apodaban aquellos junto a quienes crecí. De ellos ya no queda nadie.
― Soy yo la parca-niño de estos pagos infectos, solazada en el dolor ajeno que es mi agua y mi sed―me dijo o pensé que me decía.
― ¿Qué eres exactamente?
― No sé lo que era, pero ahora soy tu hijo. Nunca más estarás solo y yo nunca más estaré solo. Te seguiré a una prudente distancia en este derrotero, aunque vuelvas a morir y te levantes, pese a todo, cada vez.
Entonces me levanté. Me pensé El crucificado porque esas historias de La sacerdotisa hacían eco en mi mollera. No soy sino el errante de Artificio, un viejo de mirada extraviada seguido de un niño con cabeza de cóndor. Ahora soy el alma en pena del sheriff baleado en una procesión, El ciclista antiguo, que extraña su poncho, su sombrero y las colt cruzadas que era todo lo mío. Soy el sheriff con lentes oscuros, con su estrella de cobre, seguido de un ángel deforme cansado de brillar.
― Todo ha cambiado excepto las nubes allá arriba, ¿sabes?― le dije o pensé que le decía, aunque no lo vi.
― Por los atardeceres rojos como de sangre las formas de las nubes son mis parientes muertos y los tuyos que conversan, se odian y bailan cumbia como dentro de un acuario. Nada de eso cambiará ni nosotros, los errantes.
― ¿Ya no hay bosques, Nelson?
― Ya no hay bosques, padre.
― Pienso en dos colt cruzadas bajo un cóndor de piedra, ¿sabes?
― Estás en tu derecho, los moradores de los confines son acá quienes hablan y dictan la muerte, aunque no lo sepan.
Miré hacia arriba y vi una lluvia de cartas del tarot, miré hacia arriba y no vi absolutamente nada. Con una vara tracé en la tierra mi firma:
e




  1. Bajo otro nombre, este escrito fue publicado por la UNILA, Universida de Federal da Integração Latino-Americana (Brasil), como parte de la selección de poemas y narraciones breves del III Concurso Literario de la UNILA Cartonera (2014). Puedes ver aquí la noticia en la página oficial de la UNILA. 
  2. Asimismo, con otro nombre, se incluyó en un número de la revista Cinosargo, correspondiente a febrero de 2011. En este enlace encuentras la información y el número en cuestión para ver online o descargarlo.
  3. En 2010, en Granada, España,  fue publicado en un librito de bolsillo como parte del ciclo de lecturas Poesía para Peatones. Una liberaría al parecer vendía alguna copia a través de Amazon (ver el enlace).