06 February, 2017

Presentación de Medical Pet de Marcos Arcaya Pizarro, por Raquel Olea

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Presentación de Medical Pet de Marcos Arcaya Pizarro
(Catafixia: Guatemala, 2010)

Por Raquel Olea
Escrito leído en la presentación del libro en La Chascona.

Santiago de Chile, jueves 05 de agosto de 2010

 

 

Algo desconcertada me he encontrado interrogándome respecto a cómo y por dónde ingresar a la lectura de “este librito” como me dijo Marcos cuando me invitó a presentar Medical Pet (Guatemala: Catafixia, 2010), ahora le devuelvo mi agradecimiento por la invitación diciéndole que  lo tomé, miré su formato pequeño, lo abrí, hojeé y después de haberlo leído me pregunto ¿qué es lo que  determina que un  soporte editorial  de mayor o menor tamaño haga del objeto impreso  un libro o un librito ¿será su porte, su texto, su densidad, sus intensidades; la exigencia que pone al lector?, si nos guiamos por las últimas opciones entonces no estoy tan segura, Marcos, que este sea un librito, como dijiste.  Gracias nuevamente.

Marcos Arcaya está unido a la tradición más reciente de la poesía chilena dice Rodrigo Gómez  en el prólogo de Anomalías (Lima: Zignos, 2007), antología que presenta a cinco poetas chilenos, de los cuales uno de ellos es Marcos Arcaya. Medical pet, es su segundo libro, en 2008 había publicado 5cHile en apenas 10 ejemplares (Santiago de Chile: Lingua Quiltra).

Organizado en dos secciones: “Alto hospicio mi noche”, la primera, yAcaríciame el hoyo por dentro”, la segunda,  que ya había sido publicada en  5cHILE con el nombre de “El hombre que se desplaza”. La inclusión de esta parte, en Medical pet que por su parte está subtitulado como, primera elaboración, me sugiere que el poeta astuto le tiende una trampa al lector atento, esto que leemos ya fue antes otra cosa, pero además no es definitivamente eso, o lo que es podría dejar de serlo, o más bien será otra cosa; gesto que de entrada nos sitúa frente a un hablante que se instala en la provisoriedad, que advierte de una  posible continuidad discontinua, de un flujo ilimitado, un habla ya devenida, procedente de otra cosa, de algo que ya fue, pero que puede seguir transformándose. Ingresamos así a un texto siempre modificable marcando con ello la pauta de una escritura abierta, expuesta, disoluta y disuelta que siempre admite más, que promete llegar a ser  otra y otra cosa como conviene al flujo imaginario que  habita su escritura y desborda su marco de productividad y significaciones.

Ingreso al texto guiada por un hablante que se señala en el movimiento de algo  sucio: olas, flotaciones de colillas, enjambre de monstruos, cabalgata de niños,  iniciando la lectura en la producción  de saber del poeta ―su escritura―  sobre la incerteza, la palabra desplazada, la enfermedad, la devastación “se que todo ha de pasar como en un canto/ porque todo ha de pesar como en un cáncer” dice, insinuando un cuerpo que pesa en su descomponerse.

“No sin pavor/ no sin pena/ he cambiado los nombres” dice luego en el mismo primer poema de “Alto hospicio/mi noche”, insistiendo en lo interino con que  el poeta se construye por el signo de una referencia opaca, el lugar del crimen en una zona olvidada del desierto chileno. Desierto ya escrito por la voz poética fuerte de Raúl Zurita, pero que Marcos Arcaya va a conectar a su vez ―lo señalan sus epígrafes― a las referencias del poeta de La Tierra baldía, T.S. Elliot, de la radical otredad de Cesar Vallejos como también a lo irremediable de la pérdida en Liber Falco.

Es propio de  Marcos Arcaya, estar dando señas constantes de sus  diálogos heterógeneos: poetas, narradores, pensadores de aquí y de allá, curiosamente todos varones (club de Tobi, Marcos): Lovecraft,  Enrique  Lihn,   Paul Bowles  también sus cercanos o más contemporáneos como Alexis Figueroa. La escritura de Marcos Arcaya es dialógica; textos de diversas disciplinas y tradiciones están presentes en su palabra.

Mi pregunta ―insisto― es por el poeta, por su voz que sitúa de entrada al lector en un escenario de escritura de crimen, de muerte y goce en el corte y la carne bajo el signo de “la mEDICAl pEt”, que funciona como un derrotero que  conduce la lectura desde y hacia el  saber bastardo, no situado, que opera su palabra en el territorio del abandono, la devastación, la herida, la enfermedad, la muerte.

Esta, la voz del poeta se configura, primero en la representación de la incerteza de su saber, “he cambiado los nombres”, dice o “todo esto sucedió más o menos”, o “quizás esto sea un mar” para agregar luego que “tuve la experiencia de ser todos los hombres”, pero todo conduce al encuentro con el vacío. El deseo de destrucción y muerte, condensado en el sintagma de la Medical Pet ―quizás traducible como clínica veterinaria, desgenerizado en la alternancia de los usos del artículo en masculino y femenino. “La medical pet” funciona en la escritura como una máquina proliferante de producción de flujo de malestares; el yo se constituye en la fantasmagoría o delirio de un tiempo y un espacio de contradicciones que enuncian la imperdurabilidad de algo implacable que sucede y sucede en todo aquello que circunda al hablante.  Espacio de devastación, de encierro, es nombrado sucesivamente como “calabozo de Chile”, Alto hospicio funde en su territorialización lo abierto y lo clausurado, el sur y el norte, la noche y el día, el mar y el desierto apelando y citando en ello escrituras otras, voces de llamamientos y fines apocalípticos. 

Si el hablante de la primera parte Alto hospicio mi noche constituye un hablante que se nombra en el lugar del  crimen y el sufrimiento  o el crimen como goce del sufrimiento, como reitera  letánicamente el poema “sólo aquí se puede sufrir tanto”, la segunda sección del libro, “Acariciame el hoyo por dentro”, llama en una primera escucha a la risa que suscita el nombramiento de algo sexual descaradamente abierto. Ya lo dijo George Bataille, hay dos  signos que se resisten a ser representados en la cultura occidental, uno suscita a risa, el del sexo y el otro a la gravedad, el de la muerte. El pulso de la risa  espontánea surge de un saber  desplazado, que sabe que ahí se está diciendo otra cosa, risa de los saberes rabelesianos, grotesca, crítica al orden que reprime las partes bajas del cuerpo donde se ubica lo más real de lo existente;  el verso se  conecta al adentro de la materia, al adentro del yo, a su centro; producción suplementaria de otra cosa el enunciado apela al centro vacío del sujeto; vacío que  deja de serlo al dar ahí lugar a la escritura, plenificándolo…

Marcos Arcaya ha elegido una escritura del desorden y el juego de las combinatorias excéntricas, de devenires y flujos de insatisfacción del yo que habla, su lenguaje no puede hacer corresponder la palabra  poética con alguna verdad procedente de un saber situado. El gesto se extrema al final del texto  con la expresión de un yo que se declara en desposesión de su propia palabra: “consisto y no me poseo/ en estas/ mis palabras ajenas en su/ repetición de/ muerte”.

Particular significancia tiene en este texto el signo de la enfermedad, desde la que el poeta ejerce una apropiación de un lenguaje quitado al poder del saber institucionalizado de la ciencia, el poeta se nombra y nombra en los malestares del cuerpo y la psiquis, su desafío al bio-poder regulador de los cuerpos. Bio-poder que produce en el deterioro sus mecanismos de regulación y disciplinamientos.

Es esta última sección del libro la que viene a confirmar sentidos abiertos en la primera por la demanda de la exposición del poeta desde ése su yo por dentro, su  centro vació y la radical precariedad que lo habita en su indiferenciación con los otros y que hace del texto un espejeo de todos quienes se  involucren en la lectura. Las iniciales “CC” que inician esta segunda parte y que  doblemente están nombrando al lector,  ―cada cual―  refieren también al nombre de Cynthia Cortez ―muchacha asesinada en el campus de la U. Austral, en la ciudad de Valdivia―. La mención remite a una operación de memoria que se hace efectiva en el rostro de una ausencia, del marco sin foto, del recuadro vació, del monitor apagado en negro o blanco, de un continente sin contenido que podría ser una pantalla oscura o una página blanca. El poeta llama  a ingresar allí donde sólo  podría encontrarse su propio imaginario, un espacio mental donde el cruce de la nada, de goce de la desgracia y la enfermedad encuentran su lugar en la escritura: “CC/cada cual se encuentra  exactamente al centro de un lugar de la mente”.

Marcos Arcaya escribe lujosamente, sin concesiones al significado, la disparidad de su imaginario, el dispendo de sus miserias, sus excrecencias y goce de una escritura que se abre y cierra en el mismo espacio, el espacio del crimen que simultáneamente provoca y extraña, seduce y repele por la marca de su otredad y ambigüedad significante. Alto Hospicio lugar señalado de crímenes de mujeres inicia “el librito”; CC, Cynthia Cortez, la muchacha violada y asesinada lo cierra. Mujeres muertas.

Marcos Arcaya escribe el texto de su propia incertidumbre, sus mentiras, su nomadía genérica, su constante devenir y la constatación de su vació salvado en  la escritura por la producción de ese vacío, “todo sucedió más o menos”. Es el hermetismo de un saber oscuro lo que  nos sitúa en el espacio mental de un habla proliferante  que arrolla por el espejeo que posibilita a “CC/cada cual” encontrarse en el texto, como dice el poeta, “encontrar aquí su retrato”, pero el retrato no es sino lo abierto a una inmanencia de la virtualidad por una liturgia que se realiza en el espacio de lo imaginario”.

El texto retrotrae la lectura desde la escena del crimen y la muerte que ha habitado el imaginario de Chile al delirio y la autoconfesión de un poeta significado por el saber oscuro de su disolución y su malogro. Poeta de la no verdad.

* * *
Notas:

- Raquel Olea. Doctora Literatura (Universidad J.W Goethe de Frankfurt, Alemania). Se ha dedicado a trabajar cuestiones relativas a teoría de género, crítica feminista y crítica literaria. Ha sido una de las impulsoras de la crítica literaria feminista en Chile, fue una de las organizadoras del Primer Congreso Internacional de Literatura Femenina realizado en 1987. Entre sus trabajos destaca su libro Lengua víbora. Producciones de lo femenino en la escritura de mujeres chilenas. Ha sido editora y coeditora de varios libros referidos a problemas de género y a las relaciones entre lo femenino, las mujeres, la literatura y el poder.

- Editorial Catafixia: http://catafixiaeditorial.blogspot.com/ catafixia.
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