17 April, 2018

“Suburbio galáctico. Recobrando a las escritoras de ciencia ficción”, por Lisa Jaszek. Traducción (no autorizada) de Marcos Arcaya Pizarro

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“Para críticos pioneras como Joanna Russ, la distinción entre los diferentes tipos de ficción especulativa escrita por mujeres fue clave para la definición de la ciencia ficción feminista como una tradición narrativa emergente con derecho propio. Así y todo, a medida que los artistas y estudiosos volvieron su atención a esta nueva tradición narrativa, las autoras de ciencia ficción fueron relegadas a los márgenes de la historia literaria y cultural”, Lisa Jaszek 

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Una nueva revista de ciencia ficción llegaba a los quioscos  en 1952 con el nombre de The Avalonian. El primer número ofrecía un relato central de Lilith Lorraine ―una veterana de la ciencia ficción; había estado escribiendo por más de dos décadas y entre sus méritos se encuentra justamente la publicación de la revista The Avalonian, que contó con un primer y único número―, además de media docena de piezas de escritores desconocidos para los lectores de lo que constituía entonces un género en franco crecimiento.

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 Lilith Lorraine en varias épocas de su vida. Fuente de la imagen: joshuablubuhs.com

Pues bien, entre aquel material había una narración muy corta de Helen Reid Chase titulada “Night of Fire”. En menos de cuatro páginas Chase muestra una civilización galáctica, resume los miedos de la Guerra Fría ―tan marcada por la amenaza nuclear―, ridiculiza a los fanáticos religiosos, arrasa el planeta Tierra y, finalmente, salva a una selecta fracción de la humanidad para que tenga un destino entre las estrellas. “Night of Fire” es al mismo tiempo totalmente típico y verdaderamente extraordinario para su tiempo. Un concejo intergaláctico alienígena decide que los humanos, con su mortal combinación de avances en tecnología atómica e impulsos religiosos apocalípticos, se han puesto a sí mismos en camino a una aniquilación total. Exhibiendo un fino sentido de la ironía, el concejo organiza un falso éxtasis espiritual para algunos terrícolas “de inteligencia muy inusual”, quienes terminan por adherirse a principios racionales y benevolentes. Acto seguido, dejan atrás la Tierra, golpeada por causa de otro fanatismo religioso que profetizaba el apocalipsis.

Dado que Chase valora la ciencia empírica por sobre la religión fundamentalista, y la inteligencia de la razón por encima de la fe, su relato es reconocible como parte de la tradición de la ciencia ficción. Con todo, el relato de Chase aparece en un momento histórico en el que ciencia y tecnología ―sin mencionar la narrativa vinculada a esos temas― era considerada indefectiblemente como terreno de hombres ―científicos, políticos, artistas―. En tal orden de cosas, la narración de Chase se aparta de la tradición en tanto en cuanto se enfoca en el destino de las mujeres en el mundo tecnológico del mañana.

En “Night of Fire” el relato se organiza narrado desde varias perspectivas. Se incluye el punto de vista de la Sra. Brandon, una mujer de "inteligencia limitada" que rechaza la ciencia, la tecnología y la educación mientras abraza la estricta piedad religiosa y el amargo orden doméstico. No resulta sorpresivo que cuando la Sra. Brandon es dejada atrás, junto a los otros fanáticos anti-intelectuales, pierda al mismo tiempo su fe y su cordura. Como una personificación paródica de las virtudes convencionales femeninas alabadas por muchos estadounidenses en aquellos tiempos de postguerra, el personaje de la Sra. Brandon sirve como una poderosa advertencia acerca del carácter inadecuado de las versiones tradicionales de la imaginería sexual y de los roles de género en el marco de la modernidad. Si las mujeres rehúsan aceptar el cambio social y científico, advierte Chase, lo mejor para ellas será quedarse atrás y, en el peor de los casos, caer en la locura por las demandas de un mundo que cambia con celeridad.

Pero Chase también insiste en que las mujeres que miran hacia el futuro no necesitan sufrir ese destino. En la apocalíptica "Night of Fire" los alienígenas cumplen con su juramento de salvar lo mejor de la humanidad llevando lejos, silenciosamente y por igual, a científicos, ingenieros y esposas. Por supuesto, las esposas que ellos salvan son radicalmente diferentes a la Sra. Brandon. Tal como uno de los desconcertados esposos dejados en la Tierra remarcó: “Sé que [mi esposa] hizo algunas lecturas extrañas. Bueno, quizá fue producto de las orientaciones científicas. No me enteraba demasiado. Mientras ella se ocupara de la casa correctamente... era todo lo que me interesaba. No sé qué descubrió ella que fuese realmente importante. Pero sé que ella se ha ido” (33-34). Chase celebra la posibilidad de que las mujeres en el hogar ―como los hombres en los laboratorios y en las líneas de ensamblaje― puedan contribuir a un nuevo orden mundial tecno-cultural. Aún más significativo, ella celebra la oportunidad de que sus lectoras y sus lectores puedan participar precisamente en ese tipo de “extrañas lecturas”, y de hecho lo hicieron cuando pasaron las páginas de su breve relato.

En “Night of Fire” la narración de ciencia ficción emerge como una poderosa herramienta para las mujeres interesadas en la lectura ―y escritura― de su papel como ciudadanas de un futuro altamente tecnológico. En este sentido, escritoras como Chase tienen una buena razón para poner su fe en la ciencia ficción tanto como en otras formas literarias. Como ocurrió con los maridos abandonados en el cuento de Chase, en las líneas editoriales en las décadas de los 40, 50 y 60 del siglo XX, usualmente se asumió que el interés de las mujeres por asuntos científicos, sociales o políticos era escaso o nulo. La autora feminista Betty Friedan recuerda: “por la época en la que empecé a escribir en revistas para mujeres, en los cincuenta, era simplemente asumido por los editores [...] que las mujeres no tenían interés en la política, la vida fuera de los Estados Unidos, asuntos nacionales, arte, ciencia, ideas, aventura, educación, o hasta sobre sus propias comunidades; con la excepción de aquellos campos en que ellos podían venderles apelando a sus emociones como esposas y madres” (50). En el mejor de los casos, algunos editores asumían que las lectoras podrían estar interesadas en artículos de servicio acerca de cómo tener un bebe en un refugio antibombas; y, en el peor, ellos esperaban que los ojos de las mujeres se alejarían de esos artículos en busca de historias más entretenidas acerca de niños traviesos y vestidos de fiesta perfectos. Sea como fuere, la plantilla de escritores estaba esperando encontrar las supuestas necesidades de las lectoras enfocándose en los temas domésticos a expensas de todo lo demás.

Pero la historia nunca es tan simple. Cerca de 300 mujeres empezaron a publicar en la comunidad de ciencia ficción después de la Segunda Guerra Mundial, y las historias que ellas escribieron ―con mayor o menor grado de intencionalidad o transparencia― vinieron a cambiar lo que Friedan llamó “La mística de la feminidad”; impronta que replanteó, por parte de las mujeres, su papel en un futuro e imaginario Estados Unidos (1). Por su parte, la destacada autora y editora Judith Merril recuerda que cambió de género literario en la década de los 40 porque esa era “virtualmente la única posibilidad de disensión política” disponible para las escritoras conscientes de estar trabajando en un momento histórico marcado por la paranoia política y el conservadurismo cultural (“What Do You Mean”, 74). Si la ciencia ficción fue o no el único vehículo para tal disidencia resulta discutible, no obstante, es un hecho que efectivamente vino a servir de esa manera.

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Judith Merril. Fuente de la imagen: Wikipedia

Es cierto que también fue una manera algo extraña de narrar en el seno de la cultura popular. No obstante, si bien aparentaba estar limitado a girar alrededor de mundos futuros y pueblos extraterrestres, la ciencia ficción proveyó a escritoras y a escritores con una herramienta alegórica mediante la cual reelaboraban críticamente el aquí y ahora.

Este libro trata sobre Helen Reid Chase, Judith Merril y todas las otras mujeres escritoras de postguerra que escribieron ciencia ficción en un lugar llamado suburbio galáctico. La feminista, autora y crítica de ciencia ficción, Joanna Russ, fue la que primero introdujo la noción de suburbio galáctico (galactic suburbia) en su ensayo pionero (1971), “La imagen de las mujeres en la ciencia ficción” (“The Image of Women in Science Fiction”). En él destaca el sentido disidente que alcanza el cuerpo en las historias de ciencia ficción en contextos tecnologizados y futuros lejanos donde, pese a todo, las relaciones de género se presentan sospechosamente parecidas a las “del presente de la clase media blanca de los suburbios” (81). Aunque los relatos escritos por mujeres, incluyendo los de Chase y Merril, generalmente “contienen más actividad y vivencias de personajes femeninos que los relatos escritos por hombres”, Russ concluye que lo usual era una simple diferencia de escenario que ponía a las “señoritas” de las “revistas de ficción femeninas”, es decir, esas “dulces, discretas e intuitivas pequeñas heroínas que vendrían a resolver una crisis interestelar en códigos tradicionales, subsanando su propio descuido gracias al equivalente de una virtud doméstica”.

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Joanna Russ. Fuente de la imagen: Exomundos

Russ reconoce explícitamente que la escritura de mujeres de los suburbios galácticos coloca un rostro de mujer en el futuro. Sin embargo, en contraste directo con la ficción feminista que autoras como ella estaban empezando a producir, las mujeres que escriben para la comunidad de la ciencia ficción de posguerra rara vez parecían dar el siguiente paso lógico y mostrar cómo las nuevas ciencias y tecnologías podrían producir nuevas relaciones sexuales y de género. Para críticos pioneras como Russ, la distinción entre los diferentes tipos de ficción especulativa escrita por mujeres fue clave para la definición de la ciencia ficción feminista como una tradición narrativa emergente con derecho propio. Así y todo, a medida que los artistas y estudiosos volvieron su atención a esta nueva tradición narrativa, las autoras de ciencia ficción fueron relegadas a los márgenes de la historia literaria y cultural (2).

Estos suburbios galácticos van en dirección de demostrar la contribución significativa que hicieron esas mujeres en la moderna ciencia ficción en las décadas que siguieron a la Segunda Guerra Mundial. Este proyecto empieza por expandir la noción misma de suburbio galáctico. Como bien señala Russ, las historias ambientadas en los suburbios galácticos generalmente giran en torno a lo que parecen ser ideales de sexo y género sorprendentemente conservadores, pero esto no quiere decir que todas las mujeres escritoras coincidieran de forma automática en el sentido y el valor de esos ideales. La ciencia ficción se convirtió en el centro de la imaginación de los estadounidenses después de la Segunda Guerra Mundial al permitir a la gente explorar sus esperanzas y temores acerca de la emergencia de un orden mundial tecno-cultural. Esto era especialmente importante para las mujeres, porque la tecno-cultura de posguerra de alguna manera podían hacer más visible las representaciones de sexo-género. En consecuencia, las mujeres escritoras utilizaron historias sobre el romance, el matrimonio y la maternidad en los suburbios galácticos como lentes de enfoque a través de los cuales evaluar esas mismas nociones. Al hacerlo, produjeron un cuerpo único de ficción especulativa que sirvió y sirve todavía como una potente voz crítica sobre las relaciones entre ciencia, sociedad y género articuladas primero a raíz de la Segunda Guerra Mundial y que continúan formando parte de la cultura estadounidense hasta la actualidad.


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Copyright © 2008 por The Ohio State University. Todos los derechos reservados.

El traductor dice: Si usas mi traducción, por favor, respeta mi trabajo y cítalo.


Notas:

(*)Nota del traductor: sé que no es una traducción perfecta, remarcaré que su finalidad es práctica, bajo ese enfoque funciona y funciona bien. Por cierto, la traducción no es una traducción autorizada, pretendo dos cosas: difundir el escrito y practicar el inglés. Todos los derechos corresponden al original, ejemplar al que remito y que se encuentra en este enlace:

<https://ohiostatepress.org/Books/Book%20PDFs/Yaszek%20Galactic.pdf>.

(1) Las cifras citadas en este libro sobre el número de mujeres escritoras que empezaron a publicar en la comunidad de San Francisco después de la Segunda Guerra Mundial se derivan de un recuento personal de los enumerados en el Stephen T. Miller y William G. Contento, The Fiction Locus Ciencia, Fantasía, y Índice de la revista Weird (1890 a 2001). Mis asistentes de investigación, Kellie Coffey y Jason Ellis, confirman estos números en dos estudios independientes del índice. En los tres casos se incluyeron sólo aquellos autores que publicaron historias cortas en lugar de novelas porque la industria del libro en rústica era todavía bastante nuevo en el tiempo, y es probable que los autores que publicaron novelas también escribió cuentos cortos.

(2) Para más discusión en relación a las ideas de Russ sobre la necesaria distinción entre las diferentes épocas y modos de la ficción especulativa de mujeres, véase mi ensayo "A History of One's Own: Joanna Russ and the Cration of Feminist Science Fiction Tradition", en la colección sobre Joanna Russ editada por Farah Mendlesohn, de próxima aparición en Wesleyan Press. Para discusiones más generales sobre las implicaciones estéticas y políticas del canon de la ciencia ficción feminista, con su evolución durante las últimas tres décadas, ver "It's Still Science Fiction: Strategies of Feminist Science Fiction Criticism" de Robin Roberts, y "Fantastic Dialogues: Critical Stories about Feminism and Science Fictiob" de Helen Merrick.